Sheila Fitzpatrick pone la lupa en el informante: un infiltrado que reportaba a la policía secreta para que el líder estuviera al tanto del estado de ánimo del pueblo.
El informante podía estar en cualquier lugar: en la fila de una tienda, en la cafetería de una fábrica, en una universidad, en el pasillo de un edificio. De sus denuncias dependía que alguien fuera interrogado, deportado o algo peor. ¿Pero hasta qué punto la vigilancia era infalible? ¿Qué riesgos estaban dispuestos a correr los ciudadanos para sobrellevar la vida?
Sheila Fitzpatrick nació en 1941 y es una de las más originales historiadoras de la Rusia soviética. Viajó a ese país cuando tenía 25 años, para consultar archivos y escribir su tesis, y conoció de primera mano la complejidad de ese mundo. Su obra es un ejemplo de historia social "desde abajo", atenta a la vida cotidiana.